Me siento orgulloso de contribuir cada día, un poquito más, a hacer recuperar el espíritu de servicio y potenciar la vocación de atención que en los últimos años se ha ido enfriando, precisamente, para dar paso a las necesidades de rentabilidad, afluencia regular de clientes, productividad y ocupaciones elevadas.
Me da la sensación que nos hemos saltado un párrafo importante de la evolución y desarrollo profesional, que es precisamente el gusto por hacer sentir feliz al cliente, trabajando la cultura del detalle y preocupándonos por su bienestar mientras esté en nuestro establecimiento.
Cultura de servicio y atención al comensal, independientemente de la fórmula de restauración y concepto de empresa no está, ni debe estar nunca reñido con la rentabilidad y la visión de negocio que de cualquier actividad económica se espera obtener.
Debemos acabar, de una vez por todas, con esta confusión y empezar a pensar en la viabilidad del negocio gracias al factor humano y su capacidad especial por entender los sentimientos y emociones del cliente. Nuestras capacidades humanas y técnicas deber ser capaces de transformarse en cualquier momento en niveles de cortesía y hospitalidad en base al perfil y tipología del cliente en cuestión y no eclipsar las bases fundamentales del trato con la necesidad de rentabilizar y producir más.
Soy consciente de que muchas empresas de restauración incentivan económicamente a sus camareros y, que a muchos de ellos, les interesa llegar a un determinado volumen de facturación, puesto que redunda a favor de un salario muy goloso y tentador, no falto de esfuerzo y horas de trabajo. Cierto es, que el cliente de hoy día, también suele ser flexible ante la falta de preparación y profesionalidad en el campo del servicio, inducido por la saturación de la oferta y, a veces, concentración de la misma en determinados núcleos que facilitan el intrusismo profesional, pero también, la falta de acicates o estímulos hacia el personal de servicio y, que sin duda, es el primer paso para no creer en el potencial de cada uno y, en consecuencia, huir de la formación y preparación, tanto de actitudes como de capacidades.
Me siento orgulloso de ser camarero porqué cada día descubro nuevos matices que me permiten evolucionar en mi profesión en pro y a favor del cliente y su estado de satisfacción, y ello, me ilusiona, me estimula y motiva a la hora de transmitir conductas y procesos con las respectivas reflexiones a mis alumnos.
El Producto Restaurante se mide por diferentes emociones que gracias a la sensibilidad del ser humano, condicionaran positiva o negativamente en éste en fabricar nuevas expectativas y en consecuencia volver. Esas emociones se fundamentan en aspectos como el producto gastronómico y su variedad, el precio, la capacidad de venta, recomendación o sugerencia, además de la técnica del servicio utilizada, la comodidad, la decoración, la iluminación, la higiene, la originalidad y, por su puesto, la regularidad en todo ello.
Cierto es que en los últimos años se ha hablado mucho de las excelencias gastronómicas y culinarias de nuestro país y, en concreto, de nuestros grandes representantes de la cocina de alto nivel y de su influencia positiva de cara a la promoción y difusión de la cultura gastronómica de nuestro país. Cocina de innovación, tecno-emocional, creativa, de contrastes y de una gran exquisitez. Pero ¿creen ustedes que todo ello es suficiente?.
Solo hay que pensar, que las excelencias gastronómicas citadas se manifiestan en espacios públicos, es decir “Restaurantes” en donde el cliente recibe un conjunto de tangibles e intangibles por un precio determinado y que no siempre compensan el esfuerzo en tiempo y sacrificio económico que ello supone.
De la misma manera que en nuestro país se ha sabido promocionar tan sabiamente nuestro potencial gastronómico y culinario, ha llegado el momento de empezar a hacer lo mismo con nuestro potencial de servicio y atención al cliente y recuperar los valores tradicionales de hospitalidad y cortesía que nuestro país se merece.
No hay que pensar mucho mas, se lo debemos a nuestra industria turística y que ya es patrimonio nacional. Hay que dedicar más crónicas periodísticas al personal de sala y hablar de sus excelentes prácticas y profesionalidad que en los últimos años se ha encontrado como satélites sin rumbo delante del gran pilar culinario. Muchos profesionales vivimos de ello y reclamamos, hoy día, de una vez por todas, el reconocimiento que durante tantos años se nos ha negado eclipsados por el interés periodístico de la cocina mediática.
Es un enorme placer sentir el agradecimiento de los clientes en el día a día de tu trabajo. Es un placer ver como el cliente recuerda y se dirige a ti por tu nombre. Es un placer contribuir al prestigio de un restaurante con los niveles de cortesía y atención sinceros con que se trata a los comensales. Es un placer contribuir a la felicidad del cliente porqué no intentamos darle lecciones, ni cuestionar sus conocimientos en base a los nuestros, sino que utilizamos nuestro saber y conocimiento para resolver dudas y hacerles sentir importantes y, a la vez, relajados en un determinado ambiente de restauración. Es un placer ser camarero y disfrutar de tu modesta contribución para hacer, todavía más grandes la cultura gastronómica de nuestro país.
Me siento orgulloso de ser camarero y de la capacidad que está en nuestras manos de hacer feliz a la gente y permitirles pasar un rato inolvidable. Es necesario que en cualquier fórmula de restauración existan profesionales de sala capaces de entender lo que realmente significa cultura de servicio, cultura del detalle, cultura de atención, en definitiva, satisfacción por un trabajo bien hecho con resultados de futuro muy interesantes.
Detrás de todo ello nos jugamos nuestra imagen y nuestro prestigio y para que ello no se tambalee, es necesario creer y practicar la formación permanente: asistir a cursos de especialización, seminarios y conferencias, exposiciones, demostraciones, catas, ferias, leer revistas especializadas en nuestro sector, disfrutar de referencias bibliográficas, consumir mucho restaurante, visitar los mercados, viajar (cuando el tiempo y la economía lo permitan), tener capacidad de opinión y compartirla en diferentes foros y asociaciones como por ejemplo la Asociación de Maîtres y Camareros de España (Amyce).
El cliente reivindica, hoy día, que no es bastante que un restaurante disponga de una gran cocina, sino que es necesario ofrecer un gran servicio. Basta ya de tímidos intentos de recuperación del espíritu de la sala. Es una realidad tan necesaria como el aire que respiramos y, si no lo vemos así, estaremos sentenciados a la mediocridad y a la vulgaridad y que en ningún caso se merece el potencial gastronómico y cultural de nuestro país.
Desde mi modesto escrito lanzo un llamamiento de unidad a todos los empresarios para que apuesten por el reconocimiento, la preparación y la compensación económica que el profesional de la sala requiere. A todos los clientes, usuarios de cualquier concepto y fórmula de restauración, que reclamen y exijan lo que realmente se merecen al comprar y disfrutar de Producto Restaurante. A todos los profesionales que apuesten por su formación constante y actualización de conocimientos. A los intrusos en hacer honor y gala de la oportunidad que se les ha brindado apostando por su reciclado y aprendizaje inmediato. A todos los alumnos que se están formando en escuelas de hostelería que entiendan que no es posible cocina sin sala, y sala sin cocina, en consecuencia formarse y aprender de ambas disciplinas.
Y por último hago un emocionado y humilde llamamiento a todo el periodismo gastronómico de nuestro país para que de una vez por todas deje de hablar de las carencias de servicio y empiece a valorar y promover la gran profesionalidad y espíritu de servicio que pasa por las venas de muchos profesionales que nos dedicamos a este gran oficio.
Pocos son los restaurantes que disponen de un servicio adecuado a las exigencias del cocinero-artista. La causa de ello, al margen de las evidencias más acaparadoras y plausibles detectadas por el comensal menos experto, es que nos hemos creído que el personal de sala teníamos que pasar desapercibidos delante de la lluvia de reconocimientos y éxitos de la cocina de nuestro país. ¿Por qué? ¿De que nos ha servido tanta modestia y humildad? Sin duda que el carácter extrovertido y la capacidad de disfrutar con el trato al público, se ha convertido en una actitud más introvertida y en consecuencia tímida, distante y fría de cara al comensal.
Entre todos los agentes que he citado antes, tenemos que ser capaces de impulsar la excelencia en el servicio y la atención, reconociendo el trabajo de muchos profesionales de la sala, que independientemente de su categoría y responsabilidad harán todavía más grande nuestro país gastronómicamente y demostrar al mundo entero que España, a nivel de restauración, van cogidos de la mano, tanto la cocina como la sala, hablan en el mismo idioma, saben trabajar en equipo y que en cualquier manifestación cultural que se haga en cualquier parte del mundo, existe una representación del servicio, la puesta a punto, la imagen, la escenografía, la atención, en definitiva lo que el comensal y cliente pretende de cualquier establecimiento de restauración y que con su reconocimiento obtendremos el prestigio que nos merecemos, pero no como pareja de hecho, sino casados con todas las de la ley: la cocina y la sala. La sala y la cocina.
Esperemos que poco a poco la sala vuelva a recuperar el protagonismo que en los últimos años se le ha negado y que los negocios de restauración se conciban pensando en que ir al restaurante significa mucho más que disfrutar de unas determinadas composiciones culinarias y que también son muy importantes el servicio, la decoración, la ambientación, la comodidad, la higiene, el orden, la novedad, etc. sin olvidar el precio y la relación sacrificio-expectativas-percepción-satisfacción, tan ansiada por los clientes saturados de ofertas poco consistentes y tímidas y sus intentos de convencer, y sobre todo de mantener el espíritu de servicio y nivel de atención.
¿Saben una cosa? me siento orgulloso de ser camarero y, además, disfrutar con ello y hacer feliz a la gente. Me siento orgulloso de haber escogido esta profesión, sabiendo que dentro de muy poco volveremos a recuperar el reconocimiento, el respeto y la admiración que nos merecemos los profesionales de este sector y en concreto de la disciplina del servicio y la atención, sincera y de calidad. Me siento orgulloso de ser camarero..., Directores, Maîtres, Barmans, Sumilleres, Camareros, Ayudantes, vosotros, no?
Hasta pronto.





Felicidades, muy buen artÃculo!!!!